CRÓNICA SOBRE DANIELA VARGAS – CASA PROARTES, CALI 2015 – ART-NEXUS – ARTE EN COLOMBIA

Una fuerte densidad se siente al entrar en las instalaciones de Daniela Vargas (Cali 1989) debido a que sus referencias conceptuales se materializan como extrañas sustancias sobre el ambiente. Lo mecánico, lo químico y lo orgánico activan una atmosfera particular que recuerda lo claustrofóbico que pueden ser las celebraciones familiares y los ritos del amor, logrando también erigir una lectura pesimista sobre el deseo. El concepto de trampa, tanto como dispositivo y estrategia de engaño, atraviesa toda la exposición con cuatro grandes propuestas en las dos salas de Casa Proartes.

La muestra consiste en las obras “El sueño de Eros”, “Rito de paso”, “En nombre del vacío o la eternidad de las ilusiones” y por último “Hasta que la suerte me repare”. Con elementos cotidianos, incluso altamente íntimos y representativos como una tina (francesa), un armario (Luís XV), una pirámide de copas (con Champagne), la artista apela a su visión del amor como construcción social, subrayando la trampa como condición y la utopía de la plena realización.

La exhibición inicia con una escultura de una concha marina, revestida en su interior con un barniz termo cromático que reacciona con el agua caliente, volviéndose transparente cada vez que un calentador sube la temperatura, dejando ver un dibujo en su interior. “El sueño de Eros” da cuenta del estado de inter-dependencia, el calor que produce la obra en la sala condiciona toda percepción y el espectador siente que entra a un espacio tibio aunque poco sobrecogedor; esta fuente es un objeto imponente que da la bienvenida a la muestra, para luego dar paso a otra pieza en la que el agua juega también un papel fundamental.

Rito de paso” consiste en una red gigante hecha en tejido crochet que abarca las paredes de la sala, desde el techo hasta el piso para llegar finalmente a una tina que se traga, pues continúa por fuera de esta. En el interior de la bañera se encuentra un pez Koi que nada impávido rodeado de este gran bordado. Casi en penumbras, la instalación parece una escenografía en la que no hay señales de que vaya a ocurrir algo, ni que haya ocurrido nada. El pez parece haber estado allí “por siempre”. En este sentido, lo interesante de la pieza es la semejanza a una ruina o a un lugar abandonado. El tejido que alude directamente a lo femenino y al mismo tiempo a una red de pesca, también es la telaraña de un baño desolado. Por otro lado, existe una relación de contradicción entre el ritual de paso y este congelamiento inmóvil en el que vive un pez, cuya leyenda dice, como se sabe popularmente, que está destinado a convertirse en dragón.

En nombre del vacío o la eternidad de las ilusiones” y “Hasta que la suerte me repare” se hayan en la sala del segundo piso, como otro gran ambiente en el que lo mecánico y lo fantasmagórico se conjugan en otra especie de escenografía. Las instalaciones de Daniela Vargas tienen un despliegue a modo de “efectos especiales”, lo cual plantea desde la tradición cinematográfica, sobre todo en relación a películas que suceden en el espacio íntimo de la casa. En esta escena todo ocurre de la siguiente manera: una fuente de Champagne hecha con copas, dispuestas en una pirámide que gira completamente, con un mecanismo que deja ver el funcionamiento de la bomba y el motor; y un armario Luis XV en cuyo interior hay una imagen de una mujer que intenta infructuosamente ponerse un vestido de novia, que le queda pequeño. Ambas obras se conectan por una alfombra roja y una pared de fondo tapizada. “En nombre del vacío o la eternidad de las ilusiones” es una fuente que gira y de la cual brota este fino licor, sin fin (y sin comienzo) en una especie de espera infinita por un brindis que no llega nunca.

Hasta que la suerte me repare” es un armario Luis XV en el que se puede ver la imagen de una mujer intentándose subir un cierre con mucho esfuerzo y dolor. Este espejo mágico que no nos deja ver ninguna pantalla, proyecta en su interior si se quiere, un fantasma cuya acción es un fuerte signo de lo femenino, como metáfora de la frustración, el deseo, la asimilación social y la claustrofobia. Una mujer atrapada dentro del armario pretende entrar a un vestido y hacerse así más pequeña. El video, impecablemente montado dentro del mueble, es un loop de 7 minutos de esfuerzo inútil. Esta obra ganó un premio en el año 2014, y se complementa hoy con el resto de instalaciones de la artista, manifestando varios intereses conceptuales.

La preocupación por la semiótica del amor le lleva a componer estas escenas algo inertes y crudas que podrían ser parte de una casa imaginaria, en el momento de los preparativos para una gran fiesta que afortunadamente no va a suceder. Todo parece indicar que si la celebración llegara a pasar sería una tragedia, ya que  las propuestas amplifican cierto pesimismo y desespero en torno a los objetos. Quizá es necesario que lo peor ocurra de una vez, para entonces empezar de nuevo el ciclo y, como lo expresa la artista, el deseo se imponga sobre el vacío.

Breyner Huertas.
(Para Art-Nexus – Arte en Colombia)

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