EN SU CASA, LA HISTORIA DE MUCHOS – COMENTARIOS SOBRE “EN LA SANGRE” – PROYECTO BLOC 2014 – CAMILO AGUIRRE – LUGAR A DUDAS.

EN SU CASA, LA HISTORIA DE MUCHOS – COMENTARIOS SOBRE “EN LA SANGRE” – PROYECTO BLOC 2014 – CAMILO AGUIRRE – LUGAR A DUDAS.

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Al relatar una historia se implica una estructura del contar, cuya forma más tradicional es la que consta de inicio-nudo-desenlace, con la cual se han desarrollado incontables películas, cuentos, novelas, etc.; Cuando alguien cuenta un sueño, un recuerdo o una anécdota se “acomoda” a una estructura muy similar a la convencional con el fin de que lo que dice adquiera sentido; el sentido es, entonces, un desenlace relacionado con el momento-de-contar (el interés de entender y hacerse entender). Sin embargo, los sucesos en la vida de las personas no van encadenados a determinados fines, no son producto de un plan o dirección sino que se suceden unos tras otros. Las anécdotas y la memoria se construyen, la acción de recordar no es la rememoración exacta de un vasto-conjunto de cosas, sino la selección de algunas de ellas para erigir un final provisional, un sentido. La obra de Camilo Aguirre surge de la relación entre la memoria y la narración, desarrolla una historia familiar a partir de entrevistas a sus parientes; En el proyecto “En la sangre” ajusta el divagar impreciso de su tío-abuelo, y este a su vez organiza el extenso flujo de vida en rememoraciones específicas, guiadas por la entrevista del artista.

Inmersos en un laberinto de pasiones, dramas y tragedias, las evocaciones de su tío son imprecisas como lo son en general; las anécdotas no son grabadas en la memoria en “full-hd”, los vacíos que existen son los que permiten la construcción del recuerdo en función a una intención: la llegada a un tiempo presente. Aguirre recoge este material disperso y borroso por el tiempo y crea con ello una narración conformada de escenas ilustradas; subraya y exagera algunos aspectos problemáticos para crear con ello el drama y la tensión de una micro-historia (la de su tatarabuelo) inmersa en una macro-historia (la violencia en Colombia).

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Para estas anécdotas familiares no hay álbum de fotografías sobre el cual hacer memoria o señalar a los protagonistas; en cambio, es el artista quien está encargándose de imaginar (hacer imágenes) estos relatos, al revés de quien observa un álbum, va del recuerdo a la imagen. En esta acción debe materializarlos como si estos desde un principio estuvieran destinados a desenlazar en el esperado final: el nacimiento del abuelo y del tío-abuelo del artista. Cuando Aguirre hace de las historias familiares un comic, encarna gráficamente la forma en que su “fuente” enlaza las diversas historias buscando un desarrollo análogo al de una historieta. La memoria se dota así de sentido, encadenando los hechos como pasos o hitos previos a un acontecimiento final (provisional).

La imprecisión que es interpretada por el artista y calibrada en su obra por medio de afirmaciones gráficas, hace posible el mito y la construcción de la relevancia de los relatos de sus parientes. La capacidad de vincular las anécdotas intimas de su familia con acontecimientos nacionales hace que el proyecto vaya de lo personal a lo general en un constante vaivén, donde a veces da la impresión de que hablando de su bisabuela, resulta abordando una coyuntura política. Es así que Aguirre halla las conexiones entre lo más cercano con lo más general, mete a su familia en la historia del país y objetiva sus vidas según un marco que es común al resto, en este caso trágicamente, la época de la violencia. Señala también que una de las cosas más interesantes del proyecto es saber que muchas personas tienen historias similares, que surgen historias de tíos de sus amigos, de abuelos de sus conocidos que son similares en aspectos políticos y sociales. Encuentra en su casa la historia de muchos.

Aguirre se vale de las herramientas del comic para subrayar la universalidad de las anécdotas: padre e hija arruinados por conflictos de poder, melodramas, y violencia representados en planos cinematográficos, viñetas, cuadros de texto y puestas en escena de situaciones que originalmente carecen de imagen. El problema en la obra es precisamente la carga política de estas situaciones, en relación con las decisiones formales. Muchos artistas que se han basado en el comic y sus características de estilo, lo han desarrollado al punto que lo problematizan en aspectos políticos que tienen que ver con la ideología, la representación, el mercado, etc. Se dirigen al medio-mismo de la obra para dimensionar otros problemas. Lichtenstein, en palabras de Camnitzer, logró elaborar un lenguaje paralelo al de la historieta, con una fuerza simbólica que no consistía en usar solamente su lenguaje formal, sino desarrollarlo y pulirlo con neutralidad llevándolo a encontrar valores que antes de él eran ignorados. En un principio Camilo Aguirre quería hacer sus dibujos con sangre pero desistió de la idea conservando la tonalidad roja de las aguadas; hubiera sido interesante que su sangre dibujara la historia de sus parientes, cerrando herméticamente la obra y provocando que el lenguaje del comic pasara a un plano menos relevante.

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También es cierto que Aguirre se obstina en ilustrar a pesar de que encuentra una prohibición implícita en el arte: “ilustrar está prohibido”. Pero en el arte no hay nada prohibido, y para la muestra está su obra, en la que ilustra las historias de sus parientes, intentando llegar más allá del comic con el comic mismo, y quizá interesado por la memoria, el devenir histórico del que depende su vida… El álbum fotográfico posee escenas que detonan los recuerdos; sin embargo hay acontecimientos que no están registrados en fotos y que incluso sus memorias se pierden. Hacer política es materializar estos relatos, sea ilustrándolos o transformándolos en obras de arte, investigaciones, material que construye un sentido. La familia del artista, así como la de todos, vivió de cerca el conflicto bipartidista del cual hay muchas versiones sin contar; la época de la violencia parece simplemente un capítulo más de la historia del país, que quizá por la falta de testimonios ha perdido la gravedad y se manifiesta como un pasado lejano. De ese pasado, no ha salido nadie.

B. Huertas.

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