PINOCHOS SIN GEPETOS – SOBRE ANÓNIMO – CARLOS ANDRADE – LA SUCURSAL.CO

PINOCHOS SIN GEPETOS – SOBRE ANÓNIMO – CARLOS ANDRADE – LA SUCURSAL.CO

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El anonimato se define prácticamente como el desconocimiento del autor. Las obras de Andrade hacen uso de objetos manufacturados que han perdido sus orígenes, son una muestra anónima del universo de los objetos. Andrade suplanta al autor material de estas cosas en otro nivel, al mismo nivel del distribuidor y vendedor; no tanto como su consumidor ni como su fabricante. De hecho estos objetos nunca tuvieron un consumidor y no tienen un fabricante claramente identificado (de ahí el carácter mágico del plástico, aparece en grandes volúmenes y no hay un artesano detrás de su factura) El consumidor es una imagen que sustenta la fabricación de las cosas, un fantasma propio de la sobreproducción. La mercancía debe abarcar la totalidad de la demanda, otra noción fantasiosa que radica en las necesidades (o necedades) y su proyección en cifras. Las cifras son una abstracción, así como la concepción del juego y de lo infantil por parte de las empresas.

Quizá el anonimato tiene que ver en esta exhibición con la pérdida del origen de las cosas, abstracción total de los procesos de producción gracias a lo cual es posible especular, aspecto que en el arte funciona a la inversa, la especulación se da en torno a los procesos de producción y no hay anonimato[1]. La especulación económica (de los objetos de arte y de consumo) y la discursiva van un poco de la mano, permiten este tipo de textos y permiten la publicidad. Se podría decir que a pesar de la elocuencia y la fuerza expresiva que tiene una obra como Centrifuga, Lo que fue dejado atrás (o la obviedad funcional ante una lámpara u objeto de consumo masivo) no por ello hay que prescindir de comentar, ninguna obra es un icono-divino ante el cual todo está todo “dicho o sentido” y el silencio colonial ante la cruz (el espejo o la pólvora) no es válido hoy en día, no hay cosas en sí. Quizá las obras haya que desbaratarlas (o ayudar a cotizarlas, o ponerlas en relación con otras, o buscarle una moraleja, tocarlas y verlas, hablarlas, usarlas, etc.) aunque para bien o para mal, sea necesario escribir.

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Centrifuga, Lo que fue dejado atrás da vueltas sobre su eje como una licuadora que logra mezclar los ingredientes cuando se mueve a alta velocidad, con fuerza suficiente como para tumbar a alguien. Cuando está quieta surge la identidad de cada juguete: el maletín, la muñeca, el oso, el ula-ula, etc., pero es más interesante mientras gira porque es peligrosa e invisibiliza en una sola mancha todo el material encontrado. Las cosas y los colores se mezclan en el movimiento y el ensamblaje es total. El efecto centrifugo de la obra hace perder los límites de cada objeto convirtiéndolos en una sola masa, como los caldos plásticos del océano pacifico o los basureros. Sin embargo la obra posee varios estados, en reposo, en aceleración, girando y desacelerando; cada uno de estos permite un acercamiento diferente. Cuando está quieta se puede espigar, se pueden buscar detalles entre las cosas.

Los juguetes que están nuevos llaman la atención de los niños, el público infantil podría haber sentido que la exposición era para ellos y ellos eran un tema central. Pero no…, o sí en el sentido de que ellos son el target específico de estas mercancías, pero no todas las cosas fabricadas son usadas, muchas se desechan nuevas; mucho es lo que sobra. No se puede seguir momento a momento la cadena de producción y el alma de los juguetes está en manos de la publicidad porque su manufactura es impersonal. Cuando muchos niños “aparecían” al mismo tiempo con baleros, yoyos o trompos, no se trataba de una moda o una elección espontánea sino quizá de un excedente de producción, un contenedor saturado[2]. Tal vez haya relación entre ello y las amarras de plástico de Crack Painting y Chanda Liar, obras hechas además con materiales de embalaje como tela sintética y malla plástica.

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No hay consumidor “emancipado” ni oportunidad de entrar al juego. Habría que recordar que el juego es un estado de inmersión en donde los jugadores responden no a un simulacro sino a una realidad; las reglas del juego son las condiciones dadas y en esos parámetros el jugador crea su visión y sus decisiones: Compone. En Anónimo las obras aluden al juego por la imposibilidad de jugar, de lo poco que entiende el juguete la noción de juego, por la proyección cursi y oportunista de las corporaciones de juguetes. Andrade acumula estos objetos quizá para mostrar cierta monstruosidad peligrosamente banal del plástico[3]. Sin embargo lo banal puede llegar a ser trascendente, aunque, siendo extremista, para ello tenga que acabarse el mundo: vale la pena recordar películas futuristas como Mad Max, The Planet of the Apes, entre otras, en las que aparecen pequeños objetos dotados de nostalgia, como un Bart Simpson o una cajita musical en medio del desierto, las pequeñas cosas “que nos enamoran” suman todas ellas algunas toneladas. Zizek plantea que es más fácil para la civilización imaginar el fin del mundo que un pequeño cambio en el capitalismo, y de allí el testimonio posapocalíptico de la ficción.

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En Constelaciones la acumulación se ordena bajo otras reglas de juego que corresponden a una cadena (una serie tubular y flexible); En Amalgamas se agrupa en globos, en Detonación se ensambla en un mobiliario extraño que hace las veces de lámpara, en Horizontes se despliega en una mesa en donde todo está pegado y solido; Cada obra es una manera particular de acumular y ensamblar. Ante la ausencia de un fabricante, el artista hace lo posible por señalar la invisibilidad de los procesos de producción y su enajenado ritmo.

Breyner Huertas.



[1] Sin embargo han sido muchos los autores que intentan borrarse, diluirse en lo anónimo debido a la carga política de lo que hacen. Suceden también casos en que en vez de “la disolución el yo” se trata más bien de la “disolución del usted”, con políticas claras de jerarquía que supuestamente son las que se están señalando, además de un mal entendimiento en torno a la noción de ego.

[2] Un contenedor saturado y un niño desdibujado, apenas en bocetos sugeridos; niños ilustrados aludidos pero irreales (irrealizados). En este sentido la pintura Reflejo podría tener sentido entre las esculturas.

[3] Una situación hipotética: La galería funciona como el estómago de un dinosaurio que se ha tragado accidentalmente toda esa cantidad de plástico. Un gigante que tal como sucede con las aves en la actualidad, se intoxica con el plástico ingerido. A pesar de la crudeza y la crueldad que implica esta situación, cada vez que un biólogo hace un inventario de objetos encontrados en los estómagos de las aves, sale a relucir el valor de cada pieza (una mano de muñeca, una tapa, una pelotica). Quizá lo ideológico se halle en la dificultad para renunciar a estas “pequeñas cosas” o darles un giro menos perjudicial para el medio ambiente.

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